martes, 3 de julio de 2012

Tangurria

Años de dictadura. Tiempos actuales. Ir y venir de historias que se tejen y destejen.

Los recuerdos. Los fantasmas. Los laberintos del amor. Paloma, Abelardo, Oliver, Ernesto. La muchacha de ojos tristes.

Prosa de la buena (delicada, precisa, poética) capaz de atrapar y sumergir, y quedar flotando luego en la memoria, cuando el libro se cierra y las preguntas se abren.

Los invito a leer a Marcela Minakowski. Tangurria. Pueden encontrarlo en las librerías La cueva y El papiro, ambas de Caseros.

Hubo un país que hemos olvidado, un pequeño país que tiene tanto de nosotros que lo dejamos ahí, en un rinconcito, en penitencia; después de todo, algunas penas no se borraron. No se borrarán.

Paloma está para recordarlas. Lleva a cuestas esa tristeza, esa soledad tan explicable; y ya sabemos, si la tristeza y la soledad ocurren en Buenos Aires, el tango, la lluvia y los bares no pueden estar ausentes.

Tampoco la poesía, claro, la poesía de Buenos Aires, los fantasmas, las calles, los andenes, la niebla, la memoria.

lunes, 18 de junio de 2012

Viajar

Amo viajar. Es de las cosas que más me gustan en la vida. Bosquejar un rumbo más o menos difuso, donde lo único cierto es el punto de inicio, y lanzarse a la pequeña aventura de dos o tres semanas, o incluso más si las obligaciones y la situación económica lo permiten.

Así recorrimos junto a mi mujer, mochila al hombro, gran parte de este bello país. Fuimos reincidentes en el sur, intentamos desmenuzar la patagonia andina desde Ushuaia hasta Neuquén, nos cruzamos a Chile (aunque menos de lo que habríamos deseado).

Supimos acampar en Córdoba, Misiones, San Juan, Tucumán. Nos escapamos a Mendoza, Corrientes, Salta, Jujuy. Exploramos Entre Ríos, el interior de Buenos Aires. Compartimos algunos de estos viajes con amigos, logrando así una cercanía distinta, especial.

Nos dejamos sorprender por la vieja Europa. Fuimos niños en los mismos pueblos en que nacieron o crecieron nuestros padres. Saltamos de un lado a otro con las mismas mochilas, algo más gastadas por el camino andado.

En cada sitio nos prometimos volver. Hemos cumplido a veces. Seguiremos trayendo nuevos paisajes a nuestra breve existencia, donde podremos ejercitar luego la memoria. Todo será insuficiente, claro, pero esa insuficiencia nos mantendrá en movimiento, nos hará sentir vivos.

Hoy las cosas no son tan simples. Tomamos dos decisiones trascendentales que relegan un poco los viajes. La primera, tener hijos, plasmada hasta ahora en una niña de la que aprendemos cada día. La segunda, aceptar mi vocación literaria, aunque se queje el bolsillo a fin de mes y las cuentas deban ser llevadas con mayor cuidado.

Pero poco a poco le encontraremos la vuelta. Volveremos a viajar. Estoy seguro.

sábado, 2 de junio de 2012

Los cuentos de Toba (¡nuevo libro infantil!)

Evidentemente a Toba no le alcanzó con el libro anterior. Hacía tiempo que venía con ganas de hacer algo nuevo, y en cuanto vio la oportunidad la aprovechó.

¿Y si publicamos otro?, me dijo un día con la mirada. No sé, Toba, le contesté, es mucho trabajo. Vos fumá, me tranquilizó él, y cerró los ojitos, como diciendo yo me ocupo de todo.

Igual de todo no se ocupó. Lo tuve que ayudar con las correcciones, Lucila Cardozo le hizo los dibujos para pintar y el diseño de tapa e interiores, y tuvo además el renovado apoyo de la Oficina Municipal de Letras de Tres de Febrero.

Al final este perro es un vivo. Escribe tres o cuatro cositas, y nos deja a los demás el resto de las tareas. No te quejes, vuelve a decirme ahora (siempre con la mirada) mientras pispea a Rocío que está tomando la teta. Es un trabajo de equipo, argumenta. Está bien, Toba, acabo resignándome después de pensarlo un rato, si vos lo decís, así será.

“Vino un día sin nombre, como un perro más que busca dueño.”…”Sonamos, pensé yo. Pero ya era tarde.”

Toba vuelve a contar en su diario perruno las historias de la familia, ahora agrandada por la llegada de Jackie. En el tono de siempre, que va de la inocencia al humor, descubre para otros, y para sí mismo, el mundo que lo rodea.

viernes, 25 de mayo de 2012

Convocatoria

Como habrán visto, este espacio, que lleva casi tres años vivo, tiene varias funciones, o al menos eso intenta. Por un lado (no lo vamos a negar) la difusión de mi modesta producción literaria, con todo lo que eso implica: publicación de textos propios, información sobre nuevos libros o reedición de alguno de ellos, celebración de objetivos cumplidos o de hechos inesperados, etc.

En segundo término, aparece la cita obligada de autores que consiguen conmoverme (e influenciarme, claro) de manera particular. Sin grandes pretensiones me refiero a acontecimientos destacables de su vida, de su pensamiento, y fundamentalmente de su obra; publicando textos, o hasta canciones de su autoría, con la secreta esperanza (como diría Benedetti) de que ustedes puedan descubrirla, y en el mejor de los casos quererla.

También funciona como lugar de encuentro con otros escritores, con quienes compartimos, tanto aquí como en sus propios espacios, las muchas o pocas experiencias que los anhelos escritoriles nos van dejando. Más allá de los estilos que cada uno pueda tener, buscamos capitalizar el aprendizaje del otro (en lo que se refiere a publicación, difusión, etc), como si sus vivencias fueran a la vez las nuestras. Sabemos que el camino no es sencillo, por lo que toda ayuda es bienvenida, ¿y qué mejor que ser honestos al contar sinsabores y alegrías, logrando sentirnos un poco menos solos en esta aventura que parece a priori descabellada?

En esa misma línea, quiero convocar a todos aquellos que deseen saber más de lo que aquí se expresa, a que lo hagan abiertamente. Si está en mis manos responder, no tengan dudas de que lo haré, ya sea a través de los comentarios o en privado. Quizá hasta encontremos, así, temas para nuevas entradas del blog.

domingo, 20 de mayo de 2012

Vivir para contarla (III)

Cumpliendo lo prometido, damos cierre a la publicación de fragmentos seleccionados de Vivir para contarla, de Gabriel García Márquez.

Le conté la verdad: era el primer capítulo todavía en borrador de la novela que había empezado al regreso de Cataca con mi madre. Con un atrevimiento del que nunca volvería a ser capaz en una encrucijada de vida o muerte, puse en la mesa la carpeta abierta frente a él, como una provocación inocente. Fijó en mí sus pupilas diáfanas de un azul peligroso, y me preguntó un poco asombrado:

—¿Usted permite? [nota: quien habla es don Ramón Vinyes, viejo maestro, dramaturgo y librero catalán]

Estaba escrita a máquina con incontables correcciones, en bandas de papel de imprenta plegadas como un fuelle de acordeón. El se puso sin prisa los lentes de leer, desplegó las tiras de papel con una maestría profesional y las acomodó en la mesa. Leyó sin un gesto, sin un matiz de la piel, sin un cambio de la respiración, con un mechón de cacatúa movido apenas por el ritmo de sus pensamientos. Cuando terminó dos tiras completas las volvió a plegar en silencio con un arte medieval, y cerró la carpeta. Entonces se guardó los lentes en la funda y se los puso en el bolsillo del pecho.

—Se ve que es un material todavía crudo, como es lógico —me dijo con una gran sencillez—. Pero va bien.

Hizo algunos comentarios marginales sobre el manejo del tiempo, que era mi problema de vida o muerte, y sin duda el más difícil, y agregó:

—Usted debe ser consciente de que el drama ya sucedió y que los personajes no están allí sino para evocarlo, de modo que tiene que lidiar con dos tiempos.

Después de una serie de precisiones técnicas que no logré valorar por mi inexperiencia, me aconsejó que la ciudad de la novela no se llamara Barranquilla, como yo lo tenía decidido en el borrador, porque era un nombre tan condicionado por la realidad que le dejaría al lector muy poco espacio para soñar.

…

Pero lo que seguí para siempre al pie de la letra fue la frase con que se despidió de mí aquella tarde:

—Le agradezco su deferencia, y voy a corresponderle con un consejo: no muestre nunca a nadie el borrador de algo que esté escribiendo.


Gabriel García Márquez
fragmentos del libro “Vivir para contarla”

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