miércoles, 30 de septiembre de 2026

Lo que el Covid me dejó

El libro que hoy más me compran, El tesoro de Camilo, lo escribí durante la pandemia. En un momento en que no sabía cómo hacer para vender al menos un ejemplar de los muchos que tenía almacenados en casa. Decidí entonces, como casi todos mientras estábamos escondidos del virus, no pensar demasiado, seguir haciendo, trabajar en lo que sí podía, con la convicción ciega de que todo iba a pasar. Y así fue, pasó. 

Algunos poemas que también escribí en ese tiempo, y que hablan de manera directa de lo que nos tocó vivir, tendrán lugar en el nuevo libro que estoy preparándome para publicar: Atenti, flaco. Es en la poesía donde más autobiográfico soy.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Segundo audiolibro, en proceso

Se hizo esperar pero acá estamos. Arranqué hoy a grabar el segundo de mis audiolibros infantiles: El tesoro de Camilo. Esta vez me sentí más tranquilo durante la lectura, un poco más afianzado con las cuestiones técnicas (como micrófono, ambiente, software, etc) que me suelen distraer y me sacan el foco y la conexión con lo que estoy leyendo. Tengo la sensación de que el proceso va a resultarme algo más sencillo ahora. Ya veremos.


Mientras tanto los invito a seguir escuchando El mago Pascualito. En YouTube, Spotify, AppleMusic o donde más les guste. Lo encuentran en cualquiera de las plataformas con mi nombre completo. 



lunes, 31 de agosto de 2026

Nuevo libro entre manos

Empiezo a pensar en la publicación de un nuevo libro de poesía. Lo fui escribiendo y pasando a la compu a lo largo de por lo menos cinco años. Algunos los tecleé directamente frente a la pantalla.


Por ahora son un montón de poemas impresos, listos para corregir (otra vez), descartar, ordenar; darles, en suma, la unidad de libro. Ni siquiera el título definitivo tengo todavía. Los próximos días dirán.

domingo, 2 de agosto de 2026

La ciudad, los libros y la motivación

Llego a un negocio de Pilar con mis libritos bajo el brazo. Una ferreteria multirubro, tipo bazar. Lo primero que veo, antes de decir nada, es que tienen uno de mis títulos cerca de la caja, apoyado horizontalmente sobre un estante. Es uno de poesía, Soy culpable, de esos que hace años que no pasean conmigo. Lo edité en dos ocasiones y luego me guardé algunos ejemplares por si alguien me lo pide.

Parece gastado, como si lo hubieran leído muchas veces. Después el muchacho con el que hablo me confirma que sí, que unas cuantas personas lo leyeron. Se queda ahora con un libro mucho más nuevo, la novela del fantasma. Trece años entre una publicación y la otra. Quince que me dedico por entero a la literatura. Casi treinta desde que empecé a escribir.

La ciudad tiene estas cosas, esta manera de incentivarte para que no aflojes, a pesar de los días de cansancio. 

domingo, 5 de julio de 2026

Encuentros (L)

¡Justo estamos leyendo un libro tuyo!, me dice la chica en Caseros. ¿Cuál?, me alegro yo, y empiezo a mostrarle los que tengo en la mano. Nos encontramos en la puerta de su vivero, sobre la avenida San Martín, en una de mis recorridas diarias por la ciudad interminable.

¡Este!, dice ella, el del perrito. Atrás llega su nena, chiquita, de unos tres años, calculo, con los pasitos cortos. ¿Cómo se llama el perrito?, le pregunta la mamá. Toba, responde tímida la nena, se llama Toba. Mi alegría no puede ser más grande.

Después se los dedico en la primera página. Ese y el que me compran ahora, el del pingüino que se quiere hacer mago. No fuimos a la feria del libro, se despide contenta la mamá, pero el escritor vino a casa.