Llego a un negocio de Pilar con mis libritos bajo el brazo. Una ferreteria multirubro, tipo bazar. Lo primero que veo, antes de decir nada, es que tienen uno de mis títulos cerca de la caja, apoyado horizontalmente sobre un estante. Es uno de poesía, Soy culpable, de esos que hace años que no pasean conmigo. Lo edité en dos ocasiones y luego me guardé algunos ejemplares por si alguien me lo pide.
Parece gastado, como si lo hubieran leído muchas veces. Después el muchacho con el que hablo me confirma que sí, que unas cuantas personas lo leyeron. Se queda ahora con un libro mucho más nuevo, la novela del fantasma. Trece años entre una publicación y la otra. Quince que me dedico por entero a la literatura. Casi treinta desde que empecé a escribir.
La ciudad tiene estas cosas, esta manera de incentivarte para que no aflojes, a pesar de los días de cansancio.





