domingo, 4 de octubre de 2026

La realidad diminuta

Te levantás a las seis de la mañana del domingo, en busca del ansiado silencio para grabar. Preparás la compu, el micrófono, te hacés el mate. Tapizás las paredes de la cocina de mantas y frazadas, para que el sonido rebote menos. Ponés a un costado de la mesa el tender móvil, con toallones colgados. Hacés algunos ejercicios, tratás de sentirte en paz, en estado de gracia, como bien te recomendó alguien que de verdad sabe sobre lecturas y grabaciones. Empezás a leer. 

Y entre cuento y cuento, entre capítulo y capítulo, Camilo, el coatí, va viviendo sus aventuras, avanza hacia un tesoro escondido en el medio de la selva. Vos estás ahí, metido de lleno en la historia. Ya no te acordás de la compu, del micrófono, de los toallones ni las frazadas. Sos el coatí, el yaguaraté, la ardilla, el loro. Sos la selva misionera, las cataratas, sos el río Pariente del mar. Te sentís igual que cuando escribías el libro, en el tan preciado estado de gracia. 

Hasta que un perro ladra: el tuyo, el del vecino. Hasta que una moto ruge desde alguna calle desconocida. Hasta que pasa un avión a lo lejos, y las lucecitas del micrófono te avisan que lo está captando (¿a quién se le ocurre pilotear un avión a las seis o siete de la mañana de un día domingo?, ¿tanto apuro tiene por irse o por llegar a ninguna parte?). 

Entonces dejás de leer, parás la grabación, respirás hondo y tratás de volver a conectarte con vos y con la historia que debe cobrar vida, por encima de la diminuta realidad que te rodea.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Lo que el Covid me dejó

El libro que hoy más me compran, El tesoro de Camilo, lo escribí durante la pandemia. En un momento en que no sabía cómo hacer para vender al menos un ejemplar de los muchos que tenía almacenados en casa. Decidí entonces, como casi todos mientras estábamos escondidos del virus, no pensar demasiado, seguir haciendo, trabajar en lo que sí podía, con la convicción ciega de que todo iba a pasar. Y así fue, pasó. 

Algunos poemas que también escribí en ese tiempo, y que hablan de manera directa de lo que nos tocó vivir, tendrán lugar en el nuevo libro que estoy preparándome para publicar: Atenti, flaco. Es en la poesía donde más autobiográfico soy.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Segundo audiolibro, en proceso

Se hizo esperar pero acá estamos. Arranqué hoy a grabar el segundo de mis audiolibros infantiles: El tesoro de Camilo. Esta vez me sentí más tranquilo durante la lectura, un poco más afianzado con las cuestiones técnicas (como micrófono, ambiente, software, etc) que me suelen distraer y me sacan el foco y la conexión con lo que estoy leyendo. Tengo la sensación de que el proceso va a resultarme algo más sencillo ahora. Ya veremos.


Mientras tanto los invito a seguir escuchando El mago Pascualito. En YouTube, Spotify, AppleMusic o donde más les guste. Lo encuentran en cualquiera de las plataformas con mi nombre completo. 



lunes, 31 de agosto de 2026

Nuevo libro entre manos

Empiezo a pensar en la publicación de un nuevo libro de poesía. Lo fui escribiendo y pasando a la compu a lo largo de por lo menos cinco años. Algunos los tecleé directamente frente a la pantalla.


Por ahora son un montón de poemas impresos, listos para corregir (otra vez), descartar, ordenar; darles, en suma, la unidad de libro. Ni siquiera el título definitivo tengo todavía. Los próximos días dirán.

domingo, 2 de agosto de 2026

La ciudad, los libros y la motivación

Llego a un negocio de Pilar con mis libritos bajo el brazo. Una ferreteria multirubro, tipo bazar. Lo primero que veo, antes de decir nada, es que tienen uno de mis títulos cerca de la caja, apoyado horizontalmente sobre un estante. Es uno de poesía, Soy culpable, de esos que hace años que no pasean conmigo. Lo edité en dos ocasiones y luego me guardé algunos ejemplares por si alguien me lo pide.

Parece gastado, como si lo hubieran leído muchas veces. Después el muchacho con el que hablo me confirma que sí, que unas cuantas personas lo leyeron. Se queda ahora con un libro mucho más nuevo, la novela del fantasma. Trece años entre una publicación y la otra. Quince que me dedico por entero a la literatura. Casi treinta desde que empecé a escribir.

La ciudad tiene estas cosas, esta manera de incentivarte para que no aflojes, a pesar de los días de cansancio.