jueves, 6 de junio de 2024

Encuentros (XLI)

La señora, enfundada en un barbijo N95 y guantes de látex, me pregunta desde atrás: ¿qué estás vendiendo?; la pequeña bolsa de las compras, balanceándose en una de sus manos. Yo tardo en entender la situación, no quiero cortar al hombre con el que estaba hablando. Son libros, digo, de mi autoría. Vení, vení, reclama ella. Charlo unos segundos más con el hombre, que de todas maneras no estaba muy interesado en lo que le contaba, y la acompaño.

A veinte metros, mete con confianza su bolsa de plástico, del super, en el baúl de un taxi que la aguardaba. Mira los libros, me pregunta el precio. Dame estos dos, se decide. Cuenta despacio los billetes, se echa alcohol en las manos. ¿Sabés qué?, me sorprende aún, tomá la plata pero quedate los libros, así se los vendés a otro. No, sonrío yo, es un gusto para mí que los leas. Está bien, concede, entonces dejame ver uno de los infantiles, para mi vecinita. Y me compra tres en lugar de dos.

jueves, 30 de mayo de 2024

Traduzco mi letra:

¿Se puede sentir tristeza o vacío, después de completar la escritura de un libro, por esos personajes que dejan ya de vivir en uno?

Sí, créanme que se puede.

viernes, 24 de mayo de 2024

Yo prefiero

Hace unos veinticinco años, más o menos, con un puñado de poemas prematuros escritos, empecé a averiguar cómo se hacía para publicar un libro: cómo era el procedimiento, qué registro de propiedad intelectual sería necesario, con qué imprentas o editoriales trabajar. Venderlo, ni se me cruzaba por la cabeza, eso lo intentaría después.

Recuerdo que el hombre que me explicó lo del registro, por teléfono, lo hizo socarronamente. Me dijo algo así como que lo más propable es que no tuviera nada que valiera la pena copiar, que si uno lograba reunir una veintena de poemas aceptables, lo mejor que le podía pasar era que alguien los plagiara y se difundieran.

Razón no le faltaba al hombre, cuyo nombre no sé, ni poseo ya el menor indicio de cómo llegué a él. Los poemas que tenía entre manos, y de los que yo me sentía tontamente orgulloso, dieron lugar a un libro olvidable, como la mayoría de los primeros libros de quienes nos decidimos a escribir. Pero lo cierto es que lo que me explicó sobre el registro, lo usé entonces sin ningún complejo.

Cuántos aprendizajes, pienso ahora, me fueron llegando de esa manera, entre la vanidad divina de hacer y la aceptación terrenal de lo ya hecho. Estar en movimiento, enseña. Pensar, pensar y pensar, sin llevar a la práctica por miedo a no estar a la altura, paraliza. 

¿Qué quieren que les diga?, yo prefiero aprender.

miércoles, 15 de mayo de 2024

Ser escritor independiente

Aguantándome las ganas (muchas) de publicar El fantasma de Ballester, porque antes debo cumplir otros proyectos personales que también requieren dinero. 

Ser escritor independiente es, entre otras cosas, comprender que los recursos son finitos y que hay que organizarse para poder publicar cada libro a su tiempo. 

Sin dejarse vencer por la desazón ni la ansiedad. Todo va a salir bien. 

Siempre es así. 

jueves, 18 de abril de 2024

Encuentros (XL)

La chica, ahora de unos veinte años, leyó los libros de Toba y de Fuz cuando era una nena. Me cuenta que los llevaba a todos lados, a la playa, de vacaciones.

¿Vos sos el autor?, se sorprende un ratito antes. Atiende con diligencia la panadería del padre en Castelar. Sí, respondo yo. Espero que despache a algunas personas más y luego seguimos hablando.

Me los compró tu papá, acá mismo, completo, hace ya mucho tiempo, cuánto me alegra que no hayan pasado desapercibidos.
Después aparece él y se suma a la alegría de volver a encontrarnos.

Esta vez la chica, ya joven adulta, lectora, elige quedarse con la última novela que publiqué.

El día está más que hecho para mí.