jueves, 26 de marzo de 2020

En tiempos de coronavirus

No sé cuánto va a durar la cuarentena. No tengo manera de influir en éso. Tampoco me desespera. Lo que sí presiento es que pos cuarentena, se va a mantener por algunas semanas, o meses, una especie de psicosis social: de no querer estar en contacto con el otro; ese otro que ya antes era una amenaza, y en el futuro cercano (ojalá me equivoque) lo será aún más.

En ese contexto, yo, escritor independiente que suele hablar todos los días con un centenar de personas para ofrecer sus libros, busco alternativas. ¿Tendría que haberlo hecho antes? Sí, es cierto, pero ya no importa, lo hago ahora. ¿Cuáles pueden ser esas alternativas? Libros electrónicos, venta de libros en papel a través de intermediarios, alianzas con quien trabaja con productos afines, o lo que se me pueda cruzar en el camino. Ya lo sabremos.

Hay que prepararse para las nuevas condiciones de trabajo. Por las dudas. Aunque la realidad después no nos de la razón, y todo siga siendo como era.

miércoles, 12 de febrero de 2020

¿Dónde está?

¿DÓNDE ESTÁ?

¿Dónde está la poesía?
¿En qué rincones
de mí
dormida se esconde?
¿En qué sitio se guarda,
se refugia?
¿Desde qué jardines
indolente
murmura?

¿Dónde está la poesía?
¿Por cuáles veranos
se sintió
despreciada?
¿Herida por qué flechas
venenosas?
¿En qué olvidos
todavía me espera?

¿Dónde está la poesía?

Sabe dios
dónde está.


ALEJANDRO LAURENZA

miércoles, 1 de enero de 2020

Nueve años

En este último año, el noveno vendiendo libros por la ciudad, debo admitir que me aburrí un poco, me costó encontrar motivación. A las dificultades económicas que la mayoría de los habitantes de este país debimos enfrentar, producto de la crisis, se le sumó la pesadez de la rutina.

Es que nueve años es bastante. Ya rara vez me ocurre descubrir un lugar diferente, que no hubiera visitado hasta el momento, unas calles no transitadas. La repetición terminó por arrinconar el asombro, ese que siempre me cautiva y me empuja a seguir sin preguntarme por qué.

Esto no quiere decir que vaya a claudicar, soy demasiado obstinado para bajar los brazos, pero estoy en un punto en que el cuerpo me implora hacer algo distinto: ¿cómo?, ¿qué?, no lo sé aún, no lo puedo decir; ya veremos con el correr de los días.

Lo importante, creo, es asumir la molestia e intentar tomar acción.

domingo, 22 de diciembre de 2019

No somos más que nadie

Un poema un poquito largo esta vez.

NO SOMOS MÁS QUE NADIE

("Para ganar, ¿de qué sirve ganar
si no ganan conmigo
los que vienen detrás?"
León Gieco)


De este lado de la historia
las personas
amamos a las personas,
no nos sentimos frustradas,
sabemos que todo es transitorio
(hasta el amor,
hasta tu risa,
hasta el sonido dulce
de un violín
que alguna vez hemos oído);
de este lado
no nos creemos más que nadie,
somos el barro
que se rasca
allá, en el fondo,
y sigue siendo barro,
aunque tengamos la fortuna
de viajar a alguna parte,
de poseer tres o cuatro objetos,
de que nuestra voz
sea leída o escuchada
por unos cuantos;
seguimos siendo el barro
que se mira
y se huele
y se gusta, satisfecho,
no somos más que nadie;
sobrevivimos a empujones
en medio de la jungla,
en medio
de los abismos tenebrosos
hechos mandato,
en medio del capital
de vida o muerte;
jugamos el juego que se impone
pero no somos más que nadie,
nos damos el tiempo
de entender
que sólo es juego,
que sólo es una parte
de la vida de los hombres
y nunca el absoluto;
nos damos tiempo de mirar
a los que vienen rezagados,
a los que no aprenden a jugar
como dios manda,
y no queremos
(nos daría vergüenza querer)
la caridad de poca monta,
no nos basta una mano
derramando moneditas
desde arriba de otra mano;
pretendemos un juego sin orillas,
sin bordes angustiantes,
sin vencedores manchados
por el mérito
de lo indecible.

ALEJANDRO LAURENZA

jueves, 17 de octubre de 2019

Zloto

Hay algunos periodistas en los que creo, en cuya honestidad intelectual confío. Hay algunos, a los que puedo escuchar o ver, sin que mi cabeza (cansadora) especule permanentemente sobre las segundas intenciones que sus dichos esconden. Hay algunos, pocos, a los que admiro. Uno de ellos era Zloto. Ahora me quedan menos.

Tuvo la gentileza en 2014 de leer tres de mis poemas. Lo comparto.