miércoles, 28 de enero de 2015

Encuentros (XVI)

Cosas que pasan en la calle, en relación a los libros.

XVI

Tenés un día difícil. Fines de enero. Calor. Mucho calor. La mitad de la gente está de vacaciones, y la otra mitad acaba de volver o se prepara para salir. No hay un mango en la calle. Vender un libro es como sacarse la lotería.

De repente te encontrás con una chica que te alegra el día. Me encantó la novela, dice, la leyó también mi hermana y se la estoy por prestar a un amigo.

Por estas cosas seguís. Lo otro, lo difícil o lo fácil, es circunstancial. ;-)

jueves, 1 de enero de 2015

Cuatro años

Si bien la primera mitad del 2014 no me resultó sencilla, luego todo fue mejor.

Se juntaron al principio algunas cosas que me hicieron sentir pesadumbre: el esfuerzo desmedido que hube realizado a fines del año anterior (sin respetar los signos corporales que decían basta), la imposibilidad de tomarme vacaciones, el parate económico general, y la reinversión exagerada de mis ingresos (que me dejó sin liquidez y me puso al cuello una soga innecesaria).

En fin, que lo que no te mata te hace más fuerte, dicen. Pero superados los escollos, sirven de aprendizaje; como casi todo en la vida, ¿no?

La segunda mitad, en cambio, fue en ascenso. Aun sin alcanzar los picos de venta de otros años (se cumplen cuatro ya), logré ubicarme en niveles satisfactorios, para terminar en paz este período, y ver el que viene con una esperanza nítida, agradable.

En cuanto a la producción, edité por tercera vez mi poemario Maldita Conciencia, publiqué un nuevo libro para niños, El diario de Fuz, con ilustraciones de Lucila Cardozo y el apoyo de la Oficina Municipal de Letras de Tres de Febrero, y logré que viera la luz Toba y los colores, para bebés, confeccionado en tela por Lucerito Juguetes Blandos e ilustrado nuevamente por Lucila.

No quiero ni puedo cerrar este post sin mencionar a quienes me escuchan a diario y me reciben de maravilla cuando paso con mis libros. Les digo gracias, no sólo por comprarme sino también por la buena onda y por el incentivo que me dan para que siga adelante. Un abrazo a todos ellos. Salud. :-)

sábado, 29 de noviembre de 2014

Los primeros 200

Si bien mi fuerte es ofrecer libros a la gente, mayormente en negocios, de vez en cuando en paradas de colectivos o estaciones de tren, o incluso mientras charlan o caminan por la calle, intento sumar al mismo tiempo puntos de venta que me apoyen en la tarea.

Librerías y Kioscos de Diarios se van incorporando poco a poco. Deben estar dispuestos a comprarme una pequeña cantidad de ejemplares con descuento (no a tomarlos en consignación sino a pagarlos en firme), para ofrecerlos luego a sus clientes.

No es sencillo por razones obvias. Un producto sin marketing (libro, remera, pantalón de jean o cucharita de té) tiene que ser mostrado concienzudamente a quienes desconocen su existencia. Osea que el vendedor intermediario asume un trabajo extra y también un riesgo.

Pero quienes somos tercos, cabezaduras, o como quieran llamarnos, elegimos olvidar estas dificultades, o usarlas como motivación, poniéndonos sucesivas metas que, suerte y esfuerzo mediante, tendremos el gusto de superar, para establecer entonces las nuevas.

Así se cumplieron los cien primeros lugares en que se encontraban mis libros, ¡y llegamos ahora a los doscientos!

sábado, 11 de octubre de 2014

Encuentros (XV)

Cosas que pasan en la calle, en relación a los libros.

XV

Nos conocimos en la plaza San Martín en los tiempos en que ofrecía allí mis libros, antes de que diera con la idea de caminar los barrios de Buenos Aires. Brasilera, ella, pasaba unos días de vacaciones en la ciudad.

Me compró poesía (no recuerdo cuál de todos) y me encargó más tarde, por internet, que le mandara otros libros. Nos mantenemos desde entonces en contacto a través de Facebook.

Hoy, pasados unos años, nos volvemos a encontrar en la misma plaza, aunque esta vez no por azar.

Le llevo mis últimas publicaciones. Charlamos. Tomamos café en el bar de enfrente. Ella me regala varios textos propios. Para inspirarme, dice. Y así será, seguramente.

Después de todo, la tecnología sirve para algo: hace menos distantes las distancias.

lunes, 15 de septiembre de 2014

¿Cómo vender en Amazon?



Bastante tiempo pasó desde que dediqué un post a la impenetrabilidad de Amazon. Hay escritores a los que les va bien, sus libros se posicionan en el Top 100, reciben estrellas, comentarios y demás gracias de la vida digital. Otros, simplemente arrasan, ya no sólo figuran entre los 100 más vendidos sino que escalan hasta los primeros lugares y allí se quedan, para envidia (sana, lo juro) de los que miramos desde afuera. Finalmente estamos nosotros, los que deambulamos sin pena ni gloria por la jungla espesa e indiferente, que ni se entera de que existimos.

Sé que a muchas razones se puede deber esto, pero lo extraño es que cuando salgo a la calle, bolsito al hombro o carro en mano (según las ganas y las condiciones climatológicas), la respuesta de la gente es completamente distinta: elogian las portadas, los textos de contratapa, el lenguaje, la variedad de temas, y hasta a veces me escriben por mail o Facebook algunas líneas que me hacen sentir realmente bien. Icluso hay muchos que me han comprado dos, tres, cuatro libros en diferentes visitas que hube realizado. Quiero decir que un poco les debe de gustar lo que escribo.

Sin embargo así estamos, Amazon y yo en veredas opuestas. Intento seducirlo, es cierto, hablo de él en las redes sociales, pongo un link aquí y un link allá, lo leo en mi Kindle, pero nada, dice que por ahora no me necesita, que nos estamos viendo un día de estos. Y a mí, la verdad, me suena a excusa, ¿qué quieren que les diga?