Vos no te vas a acordar de mí, me sorprende la chica, pero hace tres años te compré un libro para mi nene, en la farmacia que está en la calle Marconi.
Interrumpo la charla con el muchacho de la carnicería. Estamos sobre Carlos Casares, en Isidro Casanova, camino a Rafael Castillo. Ella llega desde atrás, entra especialmente al negocio para buscarme. Yo sonrío, la saludo y sigo hablando sobre libros, retrocedo un paso y me dirijo ahora a los dos.
Este te compré, dice ella, El diario de Toba; te vi pasar y quise comprarte otro. Si no es hoy, no sé cuándo te vuelvo a ver, agrega.
Elige entonces el del coatí, El tesoro de Camilo. Agradezco mientras tanto al carnicero por el espacio. Él no me compra pero escucha. Tal vez suceda en una próxima azarosa vez.