¡Justo estamos leyendo un libro tuyo!, me dice la chica en Caseros. ¿Cuál?, me alegro yo, y empiezo a mostrarle los que tengo en la mano. Nos encontramos en la puerta de su vivero, sobre la avenida San Martín, en una de mis recorridas diarias por la ciudad interminable.
¡Este!, dice ella, el del perrito. Atrás llega su nena, chiquita, de unos tres años, calculo, con los pasitos cortos. ¿Cómo se llama el perrito?, le pregunta la mamá. Toba, responde tímida la nena, se llama Toba. Mi alegría no puede ser más grande.
Después se los dedico en la primera página. Ese y el que me compran ahora, el del pingüino que se quiere hacer mago. No fuimos a la feria del libro, se despide contenta la mamá, pero el escritor vino a casa.
domingo, 5 de julio de 2026
Encuentros (L)
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