domingo, 20 de mayo de 2012

Vivir para contarla (III)

Cumpliendo lo prometido, damos cierre a la publicación de fragmentos seleccionados de Vivir para contarla, de Gabriel García Márquez.

Le conté la verdad: era el primer capítulo todavía en borrador de la novela que había empezado al regreso de Cataca con mi madre. Con un atrevimiento del que nunca volvería a ser capaz en una encrucijada de vida o muerte, puse en la mesa la carpeta abierta frente a él, como una provocación inocente. Fijó en mí sus pupilas diáfanas de un azul peligroso, y me preguntó un poco asombrado:

—¿Usted permite? [nota: quien habla es don Ramón Vinyes, viejo maestro, dramaturgo y librero catalán]

Estaba escrita a máquina con incontables correcciones, en bandas de papel de imprenta plegadas como un fuelle de acordeón. El se puso sin prisa los lentes de leer, desplegó las tiras de papel con una maestría profesional y las acomodó en la mesa. Leyó sin un gesto, sin un matiz de la piel, sin un cambio de la respiración, con un mechón de cacatúa movido apenas por el ritmo de sus pensamientos. Cuando terminó dos tiras completas las volvió a plegar en silencio con un arte medieval, y cerró la carpeta. Entonces se guardó los lentes en la funda y se los puso en el bolsillo del pecho.

—Se ve que es un material todavía crudo, como es lógico —me dijo con una gran sencillez—. Pero va bien.

Hizo algunos comentarios marginales sobre el manejo del tiempo, que era mi problema de vida o muerte, y sin duda el más difícil, y agregó:

—Usted debe ser consciente de que el drama ya sucedió y que los personajes no están allí sino para evocarlo, de modo que tiene que lidiar con dos tiempos.

Después de una serie de precisiones técnicas que no logré valorar por mi inexperiencia, me aconsejó que la ciudad de la novela no se llamara Barranquilla, como yo lo tenía decidido en el borrador, porque era un nombre tan condicionado por la realidad que le dejaría al lector muy poco espacio para soñar.

…

Pero lo que seguí para siempre al pie de la letra fue la frase con que se despidió de mí aquella tarde:

—Le agradezco su deferencia, y voy a corresponderle con un consejo: no muestre nunca a nadie el borrador de algo que esté escribiendo.


Gabriel García Márquez
fragmentos del libro “Vivir para contarla”

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sábado, 5 de mayo de 2012

Esclavitud Siglo XXI

Luego de leer hace un tiempo una entrada en el blog de Maribel Romero Soler, y de opinar en ella, tuve necesidad de escribir el poema que hoy comparto. Este mismo encontró lugar más tarde en las páginas del libro Soy Culpable.

Esclavitud Siglo XXI

Sé que te duele la pobreza,
la injusticia,
el chiquito con hambre
deambulando por los trenes
que un día se hará padre
de chiquitos con hambre
deambulando por los trenes.

Sé que te hiere el campesino
hacinado en un container
mientras desflora el trigo,
y trabaja sin descanso,
y le pagan cuando quieren,
y le dicen no hay derechos,
o no lo dicen
porque se sobreentiende.

Sé que te indignan los talleres
donde hermanos bolivianos
cosen por unas monedas
para grandes y exclusivas marcas,
desde que el sol asoma
hasta que el sol se pone,
o quizá más
porque no hay ventanas
para poder constatarlo.

Sé que sabés
de los niños vendidos
en las provincias pobres,
como si fueran pan,
o alcauciles,
o cebolla,
o una bolsa de papas
recién arrancadas de la tierra.

Sé que intuís
que educar es el camino,
la única forma
de romper el círculo,
de elevar conciencias,
y de abrir los ojos
hacia una libertad aproximada.

¿Pero cómo lo harías
sin quedarte en lamentos,
en parálisis,
en expresión de deseo
dura y muda?

¿Cuántos intereses sospechás
(los de siempre,
los que se frotan las manos
y le sacan jugo
a todo esto)
se opondrían de manera explícita,
o disimulada,
a tu no-parálisis?

Alejandro Laurenza
del libro Soy Culpable

sábado, 21 de abril de 2012

A veces

A veces te sentís cansado. Estás haciendo lo que te gusta, lo que decidiste hacer a conciencia, y las cosas van más o menos bien, pero aún así te sentís cansado.

Seguir batallando a pesar de todo, mantener la regularidad establecida, o hacer un alto que permita estirar las piernas y tomar aire, para arrancar luego con renovados bríos. Tal es la disyuntiva. Correr por un lado el riesgo de que el cansancio se acumule hasta volver la tarea menos agradable, o perder, por otro, la inercia de una actividad que resulta cada día más fructífera.

La almohada sabrá seguramente resolverlo. Lo ha hecho antes y lo hará también ahora. ¿Para qué ponerlo en duda?

Mientras tanto a no pensar, a dejar que la vida se vaya dando.

sábado, 14 de abril de 2012

La gente ya no lee

La gente ya no lee. Se prefiere la televisión y la computadora a tomar un buen libro. Los chicos se pasan el día entero con los video juegos. ¿Adónde vamos a parar?

Sin embargo, como contrapartida a estas frases hechas, en la ciudad de Buenos Aires (y digo Buenos Aires porque es la que mejor conozco) las cadenas Yenny, El Ateneo, Distal y Cúspide se disputan espacios sobre las calles más comerciales y los shoppings, llegando en ocasiones a hallarse uno justo frente al otro; las librerías de barrio siguen adelante, con más o menos esfuerzo, y no sé de ninguna que haya cerrado sus puertas en los últimos diez o quince años; las ferias de libros permanentes despliegan desde hace décadas todo su potencial en lugares tales como Parque Rivadavia, Parque Centenario, Plaza Italia, etc; la Feria del Libro tradicional recibe cada año un número récord de visitantes, produciendo asombro hasta en los medios de comunicación más pesimistas (bienintencionados o no).

Todo esto a pesar de la gente, y la televisión, y la computadora, y los chicos.

En lo personal, las cosas no resultan distintas cuando salgo a ofrecer mis libros. Hago como el cuento del sapito sordo, ese que consigue escapar del pozo profundo en que hubo caído, por no poder escuchar el conglomerado de voces que pronostican lo contrario.

Está bien. También se puede decir que los libros se compran pero no se leen, que en muchos casos se regalan y quedan luego tirados en una biblioteca donde se amontona el polvo . Y entonces vuelvo a refutar (me encanta hacerlo): no somos pocos quienes apelamos a la lectura mientras viajamos en subte o en tren (en colectivo no tanto), o mientras tomamos aire en el banco de una plaza. De libros abiertos en soledad no quedan testigos (salvo el lector mismo), así que no vienen al caso.

Lo dicho. Algunos leemos y otros no. Son más los que no lo hacen (no lo voy a negar), pero las generalizaciones, como siempre, son injustas.

domingo, 8 de abril de 2012

Al lado del camino

Quilmes Rock 2012. Telonero de lujo de Charly García. Pero de este último hablamos una vez y otra. Es el turno del primero, del rosarino.

Es cierto. No es el mismo de antes. Quizá la inspiración no sea la misma, o no lo sean las entrañas a la hora de interpretar una canción. Pero después de treinta años, o más, raspando las asperezas de la vida a través de la música, o internándose lo suficiente como para no salir ileso, ¿quién puede jactarse de seguir siendo el mismo?

Hace poco más de una década dijo estar Al lado del camino. Y lo hizo en su elemento, claro. Nos preguntamos entonces, ¿de qué se trata eso?

¿Será que todo te resbale, que ya nada importe nada? ¿Será un modo fácil de pasar por el mundo, sin que el otro consiga hacerte mella? O, por el contrario, ¿consistirá en abrir los ojos un poco más de lo habitual, esquivando esas rutinas adormecedoras (y cómodas, y calentitas, donde da gusto quedarse) que suelen disfrazarse de responsabilidades ineludibles, e intentar saber al otro y al uno mismo, para bien y para mal, y aceptar que todo puede ser un juego o un escenario en el que elegimos siempre (por acción u omisión) el personaje que mejor nos queda?

En fin. Al lado del camino. Para escuchar, y pensar, y discutir. Al lado del camino. Fuerza, crudeza e ironía. Al lado del camino. Fito Páez.

Al lado del camino (descargar mp3)

Me gusta estar al lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa
me gusta abrir los ojos y estar vivo
tener que vérmelas con la resaca
entonces navegar se hace preciso
en barcos que se estrellen en la nada
vivir atormentado de sentido
creo que ésta, sí, es la parte mas pesada

en tiempos donde nadie escucha a nadie
en tiempos donde todos contra todos
en tiempos egoístas y mezquinos
en tiempos donde siempre estamos solos
habrá que declararse incompetente
en todas las materias de mercado
habrá que declararse un inocente
o habrá que ser abyecto y desalmado

yo ya no pertenezco a ningún istmo
me considero vivo y enterrado
yo puse las canciones en tu walkman
el tiempo a mi me puso en otro lado
tendré que hacer lo que es y no debido
tendré que hacer el bien y hacer el daño
no olvides que el perdón es lo divino
y errar a veces suele ser humano

no es bueno hacerse de enemigos
que no estén a la altura del conflicto
que piensan que hacen una guerra
y se hacen pis encima como chicos
que rondan por siniestros ministerios
haciendo la parodia del artista
que todo lo que brilla en este mundo
tan sólo les da caspa y les da envidia

yo era un pibe triste y encantado
de Beatles, caña Legui y maravillas
los libros, las canciones y los pianos
el cine, las traiciones, los enigmas
mi padre, la cerveza, las pastillas
los misterios, el whisky malo
los óleos, el amor, los escenarios
el hambre, el frío, el crimen, el dinero y mis 10 tías
me hicieron este hombre enreverado

si alguna vez me cruzas por la calle
regálame tu beso y no te aflijas
si ves que estoy pensando en otra cosa
no es nada malo, es que pasó una brisa
la brisa de la muerte enamorada
que ronda como un ángel asesino
mas no te asustes siempre se me pasa
es sólo la intuición de mi destino

me gusta estar al lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa
me gusta regresarme del olvido
para acordarme en sueños de mi casa
del chico que jugaba a la pelota
del 49585
nadie nos prometió un jardín de rosas
hablamos del peligro de estar vivo
no vine a divertir a tu familia
mientras el mundo se cae a pedazos
me gusta estar al lado del camino
me gusta sentirte a mi lado
me gusta estar al lado del camino
dormirte cada noche entre mis brazos

al lado del camino
al lado del camino
al lado del camino
es más entretenido y más barato
al lado del camino
al lado del camino

Fito Páez
del disco “Abre”

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