jueves, 25 de septiembre de 2025

Encuentros (XLVIII)

No nos conocíamos. Al menos no personalmente. Veníamos en contacto virtual desde hace muchos, muchos años, desde que me escribiera unos mensajes muy lindos y elaborados acerca de mis poemas, que aún conservo. Creo que llegó a ellos por mi blog, en el 2013, luego compró varios de mis libros de poesía en el negocio de mi hermano. 

Más tarde (de eso me enteré hoy) estuvo charlando con una maestra (ya jubilada), que trabajaba en la misma escuela que ella, sobre El mago Pascualito, libro que leyeron los chicos en su curso de primer grado. Después se topó por casualidad en una librería con El diario de Toba, que también compró. 

Hace un rato, doce años más tarde, por esas cuestiones del azar, tuvimos oportunidad de charlar por fin frente a frente, en una verdulería de Villa Bosch, mientras yo esperaba que la dueña del negocio se desocupara, con intención de contarle un poco acerca de lo que hago.

Ahora sí nos conocimos con Laura, quien sigue dando clases en aquella escuela (que alguna vez tuve oportunidad de visitar). Fue un gusto verla, cruzar con ella varias palabras. Eligió quedarse hoy con el libro del pingüino.

Y pensar que yo arranqué la mañana muy cansado, con bajísima energía, dudando entre ofrecer libros o volverme a casa y listo. Puedo decir, después de esto, que valió la pena el esfuerzo, la persistencia. 

La ciudad te sorprende si le das lugar.

jueves, 21 de agosto de 2025

Encuentros (XLVII)

Cuarta vez que me sucede. Sí, las voy contando. Una chica, en este caso en un quiosco de Isidro Casanova, reconoce a Toba en la portada de uno de mis libros. Lo leí cuando tenía siete años, me dice, no se me olvida. Sonrío. Sigo después ofreciendo libros como si nada, como si vivir de la literatura no hubiera sido en aquella época, cuando escribí los primeros cuentos de Toba, un sueño poco menos que imposible.

sábado, 16 de agosto de 2025

Poesía en el volquete

Lo rescató de entre una pila de libros arrojados a un volquete. No supo por qué, pero le llamó la atención. Leyó alguna página al azar y se dijo: poemas de amor, una boludez. Sin embargo se lo llevó a la casa. Allí descubrió que había algo más en el fondo, le dio una oportunidad, lo siguió leyendo y leyendo, y hasta le pareció que podía inspirarse para hacer una o dos canciones acompañado por su guitarra.

Me lo cuenta ahora por mensaje de Instagram. Maldita Conciencia es el libro. Publicado por primera vez en 2007, cuando el muchacho, ahora de 25, tenía apenas 7 años. La literatura, pienso, posee esa particularidad de permanecer a salvo de los avatares del tiempo.

martes, 12 de agosto de 2025

El fantasma en Radio con vos

En el programa Libros sin tiempo (@librossintiempo en IG), que va los domingos de 18 a 19 hs por Radio con vos, Nuria Gómez Videla (@unlibrocorto en IG) y Luis María Cuence hablaron de El fantasma de Ballester.

¡Les agradezco la buena onda y el espacio! Y recomiendo especialmente el programa que lo pueden escuchar en directo por la radio (FM 89.9) o luego a través de Spotify.



jueves, 24 de julio de 2025

Encuentros (XLVI)

Charlamos con el muchacho en la entrada del taller de autos en que trabaja. Villa Urquiza. Veintipocos años, él. Le muestro libros. Se interesa en los infantiles. No me puede comprar, pero no importa, será una próxima vez.

Al momento de despedirnos me da la mano. La tengo ocupada con algo a priori invisible. Giro la otra, la izquierda, dejando los libros que sujeto con ella en posición horizontal, a modo de mesita flotante, y descargo ahí el contenido de la mano derecha.

Es mi piedrita de la suerte, digo mientras ahora sí le devuelvo el saludo. Una de las tantas, agrego después. El muchacho la mira, se ríe. ¿Funciona?, pregunta. 

Lo dudo un segundo. No sé, respondo entonces, creo que sí. 

Enseguida descubro en voz alta, compartida: para tener suerte uno tiene que creer que va a tener suerte, y en ese sentido la piedrita me suma, me ayuda a creer.