viernes, 8 de abril de 2022

Encuentros (XXXI)

En la época en que vendía libros en las plazas y parques, era habitual que leyera poemas a quien deseara escucharlos. A veces a pedido de la persona que tenía enfrente, a veces porque lo proponía yo. No sé, como que el lugar invitaba: el aire libre, el verde, los lagos de Palermo, las bajadas de la plaza San Martín, el atardecer, la noche. Supe disfrutarlo, y mucho. 

Luego vinieron otras formas de llegar a los lectores. Cambié aquellas experiencias por los recorridos a lo largo de la ciudad. Eso me permitió tener más constancia, ya el frío dejó de ser un impedimento, y la lluvia un poco menos que antes, y pude salir todos los días y no sólo los fines de semana. En fin, que pude empezar a vivir de la literatura. Pero hubo algo que se perdió: la lectura improvisada de poemas; porque en la ciudad las personas no tenemos tiempo, corremos más de lo que vivimos. 

El caso es que hoy, once años después, en un negocio al que entré con mis libros, me pidieron si podía leer un poema y, claro, dije que sí. Me saqué el barbijo, me bajé la mochila, y emprendí con uno de los textos de "Y en medio nosotros", elegido al azar. Fue un placer para mí. Me dijeron que se emocionaron al escucharlo y que les gustaría ponerle música. 

Cada tanto, la vida te da estas cosas.

jueves, 24 de marzo de 2022

El machete

Tengo un machete dando vueltas por ahí. Parece que alguna vez me anoté un par de cosas a tener en cuenta cuando escribo novela, y ahora me lo vuelvo a encontrar. Ya ni me acordaba de que existía.

Dice:
- Juicio diferido (ya va a haber tiempo de corregir).
- Insinuar lo que sucederá luego.
- Escribir con los cinco sentidos.
- No escribir desde la superficialidad. Ponerse en la piel de los personajes como lo haría un buen actor. Sufrir y ser feliz con ellos.

Seguro que hay más. El machete se limita a eso.

martes, 15 de marzo de 2022

Entrevista en diario La ciudad


Me hicieron una entrevista en el diario La ciudad. Allí cuento sobre mis libros, los diferentes géneros que escribo y cómo llegué a la literatura, entre otras cosas.

La pueden leer en el siguiente enlace:

Entrevista en diario La ciudad


domingo, 13 de marzo de 2022

Corrijo novela

Corrijo novela. Me encuentro con una de esas páginas en las que uno siente que faltó inspiración al escribirlas, una página que no fluye. La idea está bien, la página es necesaria, no la puedo quitar y listo. Pero hace ruido por todos lados. Esas son las más difíciles de corregir. Tocás acá y se rompe allá: peor que antes.

Entonces uno se convierte en un picapedrero. Martillo en mano, cortafierro en otra, va dando golpecitos suaves, trabaja con lo que tiene. No lo puede sacar todo ni tampoco agregar material. La piedra es esa.

A menos que decida abandonarla y empezar con una nueva, y chau.

sábado, 22 de enero de 2022

De poetas y de escobas

Un día, hace por lo menos quince años, decidí que no iba a seguir esperando que alguien "me descubriera" (bichos raros somos los que escribimos) y quisiera publicar y difundir mis libros. Ya venía escribiendo y publicando en forma independiente, es cierto, y también salía por las plazas a ofrecerlos en mis tiempos libres; pero lo hacía de manera tímida, como no queriendo pecar de vanidoso.

Fue entonces cuando dejó de importarme. Un día hasta me banqué, divertido, que alguien me dijera "la poesía no se vende". "No, claro, la poesía no se vende", tuve que responder, "lo que se vende es el soporte físico, el libro, que contiene poesía o novela o cuentos para chicos". Imaginate si a un ingeniero le dijeran que los puentes no se venden: sonamos, nos quedamos todos a la orilla del río, sin poderlo cruzar, por haber herido la sensibilidad del ingeniero.

En fin, que lo que aprendí de una vez, fue a separar el acto de escritura (el hecho artístico, si se quiere) del momento de la venta. Vender como quien ofrece escobas, asumiendo que intentaron crearlas a conciencia, con los mejores materiales de que dispusieron, pero tampoco se va a andar ofendiendo el vendedor porque un señor o señora le dice que esa escoba no barre bien.

A lo sumo, se lamerá las heridas más tarde, sabiendo que vivimos en el reino de la subjetividad, y que quizá esa persona buscaba un escobillón o un cepillo o un pequeño pincel para limpiar el polvo, y se encontró (desgraciada suerte) con una escoba, nada más que eso.