sábado, 6 de julio de 2013

El amor y la furia (¡nuevo libro!)

Pasaron cuatro años. Fue entonces cuando escribí la primera línea. Lo había intentado antes pero aún no era momento. Faltaba madurez.

Cuatro años, decía. Más corrección y descanso y corrección (y otra vez descanso y otra vez corrección) que tiempo de escritura en sí. O acaso sea todo escritura. Tal vez lo primero represente poca cosa sin los ciclos posteriores, que vienen a justificarlo.

El amor y la furia. Novela de amor, como su nombre lo anticipa, pero también de suspenso, con un trasfondo existencialista. Los personajes se ubican en diferentes lugares del tiempo para recordar lo que les es propio, dejando al lector la tarea de ensamblarlo todo.

El objetivo personal es el mismo de siempre: escribir lo que viene desde el fondo, aunque ayudado en este caso por la encarnación de otras vidas que me permiten ser el que no soy, o el que sí soy pero de manera inconsciente.

Agradezco a la Oficina Municipal de Letras de Tres de Febrero por renovarme su apoyo, y en especial a Marcela Minakowski, su coordinadora, por la mano valiosísima y desinteresada que me dio en las últimas revisiones.

Pueden leer ahora el texto de contratapa.

La vocación, el destino, el amor agazapado en cualquier esquina. El desconcierto de estar vivos, la ternura, la felicidad transparente y efímera. La razón socavada. El final. La furia.

En el asesinato inexplicado de un hombre se inicia esta historia. Y a partir de allí van surgiendo, como en un rompecabezas, las circunstancias que lo hicieron posible.

martes, 25 de junio de 2013

Las señas del asesino

Es tiempo de un relato cortito.

Las señas del asesino


Don Jorge Rafael, dijo, y se tocó el pecho. Pero no hubo odio ni desprecio en la pronunciación de ese nombre. Ni siquiera tristeza. Fue un zumbido aséptico.

Si no hubiera alzado la mano mientras invocaba al dictador, ni antepuesto el don a las señas del asesino, habría pasado incluso por un inocente.


Alejandro Laurenza

martes, 28 de mayo de 2013

De la igualdad

Reflexionemos.
De la igualdad

I

Toda modificación profunda en el estado de las cosas genera resistencias. El hombre, por naturaleza, prefiere mantener cierta comodidad (conquistada o heredada) a pagar el precio necesario para la igualación de derechos. Sólo una postura crítica con nosotros mismos nos permitirá salir de ese lugar aparentemente seguro.

II

Mientras la caridad juega a reparar las injusticias, el reconocimiento de derecho pleno es el verdadero igualador de oportunidades. Debemos estar atentos para no sentirnos superiores ni inferiores a nadie.


Alejandro Laurenza

sábado, 27 de abril de 2013

Matías

Segundo hijo. Segundo poema.

Matías

Es el tiempo
del segundo retoño,
de la segunda campanada
haciéndose oír
(brillante)
a la hora precisa,
es el vuelo escurridizo
de un gorrión
venido desde lejos,
desde los misterios
profundos e insondables
de la tierra,
dispuesto a plegar sus alas,
a estrechar
su delicado plumaje
con el nuestro,
decidido
por sobre todas las cosas
a hacernos otros,
a sacudir, para bien,
las estructuras confortables
(confortables y seguras)
en que aprendemos
a guarecernos,
es la presencia nueva
(próxima y cierta,
frágil y nueva)
que nos mantendrá en vilo
y no nos dejará alienarnos
entre las frivolidades
acostumbradas,
entre los aplausos sin fe
y las penas sin gloria,
y nos recordará, exultante,
(como si por ese motivo único
viniera)
lo bello y transitorio
de la vida.

Alejandro Laurenza

sábado, 13 de abril de 2013

En librerías

Además de ofrecer mis libros a las personas por la calle, se van sumando librerías (generalmente de tipo papelería, es decir de las que tienen útiles escolares y demás) que me los compran en pequeñas cantidades para su reventa posterior. Esto ocurre a un ritmo promedio de dos locales a la semana (a veces más, a veces menos), lo que significa alrededor de cien al año. Les hago entonces un descuento, de modo que su precio final no difiera demasiado del mío.

No consigno. Mi experiencia con los kioscos de diarios, relatada hace tiempo en este mismo blog, me dejó claro que ese no es el camino: prueba y error, como casi siempre, y aprender mientras tanto.

En estos días me ocurrió algo gratificante al respecto. Repetí barrio, cosa que estoy haciendo al azar desde hace unos meses, y pasé por la primera librería que se decidió a vender mis libros en esta modalidad. Y no sólo los había vendido todos, ¡sino que me compró ahora más que la vez anterior!

Las cosas marchan bastante bien. Seguiremos trabajando para ayudar a la suerte.