México (descargar mp3)
Mi madre me encomendó a la Virgen de Guadalupe,
tomé mi guitarra, mis cosas y me fui rumbo al norte,
crucé la aduana de Guatemala con más miedo que ganas.
Entré recogiendo las musas que dejaron tiradas
Chava Flores, José Alfredo y el mismo Agustín Lara,
y con los restos fui formando un quién diría
y una primera vez, y estaba solo
con un Jesús, verbo no sustantivo en la garganta.
Estaba en México, sin un centavo
me sentía un hombre de éxito,
México, México,
el destino me pintó el camino
que me trajo hasta aquí.
No sé si fueron los tequilas pero hablé con Negrete,
aquella noche en el Tenampa que acabó al otro día,
y en División del Norte tomé un taxi que después fue canción.
Estaba tan desesperado esperando su turno
con una ensarta de canciones el animal nocturno
y el miedo se convertía en respeto
por cantarles aquí, en la misma tierra
de Manzanero, la Beltrán y Pedro Vargas.
Estaba en México, sin un centavo
me sentía un hombre de éxito,
México, México,
el destino me pintó el camino
que me trajo hasta aquí.
Caminando en la Alameda, me platicaba una anciana,
Pedro Infante está vivo, pasa todas las mañanas,
y es que aquí lo que se ama nunca muere.
México,
sin un centavo me sentía un hombre de éxito,
México,
el destino me pintó el camino.
Ricardo Arjona
del disco “Si el norte fuera el sur”
jueves, 8 de diciembre de 2011
México
La canción de Arjona que pongo abajo me recuerda porqué lo admiro (no sólo al artista, sino también al aventurero), a pesar de lo desparejo de su obra.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Luces en la noche
En uno de esos almuerzos rodeado de libros, donde la comida pasa a un ultimísimo plano, llegó hasta mí Tibór Chaminaud con su poemario Luces en la noche.
Lemu Ruca
Levantamos
la cabaña
en lo alto del bosque.
Rodeada de cohíues
milenarios
y de rojas aljabas
que columpian
sus flores en el bosque.
Por sus ventanas
se nos mete el cerro.
En el otoño
con sus rojos ñires
y la sangre
radiante de sus lengas,
y en primavera
con el oro
fúlgido
de sus retamas.
Y ahora que es invierno
como un gran monje blanco
se vistió la montaña.
Como un gran monje blanco
que nos mira
estático y solemne
desde el profundo cielo.
Tibór Chaminaud
del libro “Luces en la noche”
Vacío
Por más que hablemos
ya no queda nada,
ni fuiste nunca
ni yo habré nacido.
Ni tuve días dorados
en la infancia
ni pájaros
volando de mis manos
ni lágrimas
ni risas
ni lamentos.
Por más que hablemos
ya no queda nada.
Ni leímos a Lorca
ni a Machado.
Ni una sombra
quedó de aquel Lugones
ni de Borges
que pasa
y que se aleja…
Ni fuimos a la escuela
cuando niños.
Ni juntamos
piedritas de colores
por los viejos
caminos de Entre Ríos
cuando llevábamos colgada la pizarra
─nuestro primer cuaderno─,
camino del colegio.
Nunca llevé a mi lado
tus quince años…
Jamás besé tu boca
ni gocé tu sexo
y no tuvimos hijos
ni pasamos felices
por la vida.
¿Dónde te fuiste
mi pequeño
juguete de colores?
¿Dónde andarás ahora
perdida entre la niebla
del vacío absoluto?
Tibór Chaminaud
del libro “Luces en la noche”
jueves, 3 de noviembre de 2011
3000
Manteniendo la estrategia del paso a paso, alcancé ahora los tres mil ejemplares. En lo que va del año, conseguí vender más que en la década anterior. Aunque es verdad que en este momento me dedico exclusivamente a difundir mis libros, además de escribirlos y publicarlos de manera independiente.
Parece mentira. Sólo es cuestión de ponerse objetivos, mantener el foco, y no gastar energías en actividades que poco tienen que ver con lo que de verdad quiero.
A veces me pregunto si soy escritor, editor o vendedor. Y la respuesta es obvia: soy las tres cosas. Escribo lo que necesito decir, lo que fluye, lo que no puedo evitar. Publico dando lo mejor de mí, tratando de estar hasta en el último detalle (aún sabiendo que siempre algo se me escapará, y será corregido en la siguiente edición). Vendo con la convicción de que estoy siendo sincero en lo que hago, con la certeza de que ese libro que ofrezco es todo cuanto pude dar, y que, si no es mejor, será por los límites propios de la capacidad, y no por los del trabajo.
Falta, lo sé. Espero más (siempre espero más). Pero de alguna forma se va ratificando la senda elegida.
Parece mentira. Sólo es cuestión de ponerse objetivos, mantener el foco, y no gastar energías en actividades que poco tienen que ver con lo que de verdad quiero.
A veces me pregunto si soy escritor, editor o vendedor. Y la respuesta es obvia: soy las tres cosas. Escribo lo que necesito decir, lo que fluye, lo que no puedo evitar. Publico dando lo mejor de mí, tratando de estar hasta en el último detalle (aún sabiendo que siempre algo se me escapará, y será corregido en la siguiente edición). Vendo con la convicción de que estoy siendo sincero en lo que hago, con la certeza de que ese libro que ofrezco es todo cuanto pude dar, y que, si no es mejor, será por los límites propios de la capacidad, y no por los del trabajo.
Falta, lo sé. Espero más (siempre espero más). Pero de alguna forma se va ratificando la senda elegida.
domingo, 23 de octubre de 2011
Soy Culpable (¡nuevo libro!)
Con el auspicio de la Oficina de Letras de la municipalidad de Tres de Febrero, acabo de publicar Soy Culpable, del que hubiera hablado semanas atrás, y que constituye mi cuarto libro de poesía.
Entre otros poemas, escritos a lo largo de algunos años, se encuentran los ya volcados en este blog Porque soy un soñador, Tristeza y Estás a mi lado. La mayoría de ellos atravesados por el concepto de la responsabilidad absoluta, o de la culpa a ojos abiertos, cuando las acciones personales no alcanzan a corresponderse con los deseos más profundos.
Para no perder la costumbre, saldré a difundirlo por las calles de Buenos Aires, y por sus plazas y parques, ¿por qué no?
Dejo aquí el texto de contratapa.
Soy culpable, responsable, de todo lo que en mi vida hago o dejo de hacer. No existe queja o reproche capaz de ser justificado. El cambio siempre está al alcance de mi mano, y soy yo quien elige o no tomarlo. Esa elección es la que me vuelve libre, absolutamente libre, es la que me eleva o me desciende, es la que me lleva a ser culpable, responsable.
sábado, 15 de octubre de 2011
Maldita Conciencia (en Amazon)
Siguiendo los pasos de cada vez más escritores que se animan a publicar sus libros electrónicos (eBooks) en Amazon, y con cierto hormigueo por estar quedándome rezagado (lo confieso), acabo de incluir Maldita Conciencia en dicha plataforma.
Así, mi tercer libro de poesía funcionará como prueba piloto, allanando el camino quizá para una futura publicación del resto. Veremos entonces qué sucede.
Es interesante decir que a través de Amazon los libros electrónicos quedan disponibles no sólo para Kindle (el lector que le es propio), sino también para PC, Mac, iPhone, iPad, Blackberry, Android y Windows Phone 7. Todo esto mediante programas de adaptación, fáciles de instalar, que son provistos de manera gratuita por la misma plataforma.
Los invito ahora a visitar Maldita Conciencia en este formato, a echarle libremente una mirada a sus primeras páginas, y a comprarlo si llegara a gustarles.
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