miércoles, 28 de noviembre de 2012

Auspiciar un libro

¿Alguna vez pensaste en ver el logo de tu empresa en la tapa de un libro?

Si te dedicás a productos para chicos o mascotas, “Los cuentos de Toba” puede ser un buen lugar para darte a conocer, con un bajo costo.

Podés auspiciar el número de ejemplares que quieras, distribuidos en la zona de la ciudad que elijas, dentro de Gran Buenos Aires y CABA.

¿Te lo vas a perder?

sábado, 24 de noviembre de 2012

Juan Gelman

Acerquémonos a Juan Gelman.

Mi Buenos Aires querido

Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.

Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.

Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.

Juan Gelman
del libro “Gotán”

Arte poética

Entre tantos oficios ejerzo este que no es mío,

como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

Juan Gelman
del libro “Velorio del solo”

Los niños

Les agradezco estar, amanecer.
Puros, azules, limpios, asomándose detrás de
la camisa, con la sonrisa puesta, el pájaro en
su sitio, el asombro en su lugar.

Bajo sus delantales la ternura hace ruido, y
todavía crecen en el aire, en la flor, en el
cielo, en los rincones.

¡Vivan! ¡Vivan los niños y su gran campana,
tocando a muerto, a hombre, cuando crecen!

Dejad entonces, ciegos, que yo vaya a los
niños.

Juan Gelman
del libro “El juego en que andamos”

lunes, 22 de octubre de 2012

Los preconceptos

Parece mentira, pero no es raro encontrarme con gente que subvalore su propio barrio. Mientras ofrezco mis libros suelen aparecer ciertas palabras como “por acá nadie lee”, o “llegaste al lugar equivocado”.

Sin embargo, fiel a la obstinación habitual, sigo como si nada se hubiera dicho, para constatar invariablemente lo errado de aquellos juicios peyorativos.

Y me pregunto entonces, ¿puede una persona desconocer hasta tal punto los potenciales de la ciudad que habita?, ¿generaliza, tal vez, partiendo de sus gustos o afinidades?, ¿hay acaso oficios, profesiones, o niveles sociales que no permitan el disfrute de un libro?

Al último cuestionamiento respondo sin dudar que no. La experiencia en la calle derriba preconceptos, o por lo menos los deja tambaleando.

Y si no creen en lo que digo, miren alrededor. ¿Cuántas veces una persona cercana (amigo, vecino, compañero de trabajo, de estudios) consigue sorprenderlos con inclinaciones artísticas que juzgaban imposibles para la imagen que se habían hecho de ella?

Es que es tan poco lo que sabemos del otro. Apenas lo que se deja ver. Apenas lo que nos permitimos ver.

lunes, 15 de octubre de 2012

Hubo un amor

Les dejo un poema de mi autoría.

Hubo un amor

Hubo un amor
que fue de infancia,
que fue de niño y de niña
como todos los amores ciertos,
aunque no quisiera ella
(o no supiera acaso)
corresponderlo.

Hubo un amor
que duró mil años,
que creció
entre juegos de mancha
y de rayuela,
entre escondidas al aire libre
(detrás de arbustos
o edificios)
o en algún cuarto
que supo hacerse oscuro
para saltar de un tranco
la vergüenza.

Hubo un amor
apenas sugerido,
apenas esbozado,
que sin saberlo
ni buscarlo
se diluyó por fin
de los ojos del niño.

Pero ese amor que hubo
y dejó de haber,
ese amor que fue de infancia,
que fue de críos,
acabó dejando huella
en los vaivenes
de la memoria
(como todos los amores ciertos).

Alejandro Laurenza

domingo, 30 de septiembre de 2012

6000

Seis mil libros vendidos, y sigo recorriendo a pie la ciudad. Supongo que de aquí a tres o cuatros años habré llegado a husmear por cada rincón de Gran Buenos Aires y CABA. Seguramente se me escape algún barrio en esta primera pasada, pero no faltarán segundas oportunidades.

Mientras tanto, a modo de ensayo, decidí regresar a unos pocos para comprobar con alegría que me va incluso mejor que la vez anterior.

¿Qué más puedo pedir? Ah, sí, encontrar alternativas para que no queden todos los huevos en la misma canasta. ¿Alguien tiene sugerencias?