viernes, 25 de mayo de 2012

Convocatoria

Como habrán visto, este espacio, que lleva casi tres años vivo, tiene varias funciones, o al menos eso intenta. Por un lado (no lo vamos a negar) la difusión de mi modesta producción literaria, con todo lo que eso implica: publicación de textos propios, información sobre nuevos libros o reedición de alguno de ellos, celebración de objetivos cumplidos o de hechos inesperados, etc.

En segundo término, aparece la cita obligada de autores que consiguen conmoverme (e influenciarme, claro) de manera particular. Sin grandes pretensiones me refiero a acontecimientos destacables de su vida, de su pensamiento, y fundamentalmente de su obra; publicando textos, o hasta canciones de su autoría, con la secreta esperanza (como diría Benedetti) de que ustedes puedan descubrirla, y en el mejor de los casos quererla.

También funciona como lugar de encuentro con otros escritores, con quienes compartimos, tanto aquí como en sus propios espacios, las muchas o pocas experiencias que los anhelos escritoriles nos van dejando. Más allá de los estilos que cada uno pueda tener, buscamos capitalizar el aprendizaje del otro (en lo que se refiere a publicación, difusión, etc), como si sus vivencias fueran a la vez las nuestras. Sabemos que el camino no es sencillo, por lo que toda ayuda es bienvenida, ¿y qué mejor que ser honestos al contar sinsabores y alegrías, logrando sentirnos un poco menos solos en esta aventura que parece a priori descabellada?

En esa misma línea, quiero convocar a todos aquellos que deseen saber más de lo que aquí se expresa, a que lo hagan abiertamente. Si está en mis manos responder, no tengan dudas de que lo haré, ya sea a través de los comentarios o en privado. Quizá hasta encontremos, así, temas para nuevas entradas del blog.

domingo, 20 de mayo de 2012

Vivir para contarla (III)

Cumpliendo lo prometido, damos cierre a la publicación de fragmentos seleccionados de Vivir para contarla, de Gabriel García Márquez.

Le conté la verdad: era el primer capítulo todavía en borrador de la novela que había empezado al regreso de Cataca con mi madre. Con un atrevimiento del que nunca volvería a ser capaz en una encrucijada de vida o muerte, puse en la mesa la carpeta abierta frente a él, como una provocación inocente. Fijó en mí sus pupilas diáfanas de un azul peligroso, y me preguntó un poco asombrado:

—¿Usted permite? [nota: quien habla es don Ramón Vinyes, viejo maestro, dramaturgo y librero catalán]

Estaba escrita a máquina con incontables correcciones, en bandas de papel de imprenta plegadas como un fuelle de acordeón. El se puso sin prisa los lentes de leer, desplegó las tiras de papel con una maestría profesional y las acomodó en la mesa. Leyó sin un gesto, sin un matiz de la piel, sin un cambio de la respiración, con un mechón de cacatúa movido apenas por el ritmo de sus pensamientos. Cuando terminó dos tiras completas las volvió a plegar en silencio con un arte medieval, y cerró la carpeta. Entonces se guardó los lentes en la funda y se los puso en el bolsillo del pecho.

—Se ve que es un material todavía crudo, como es lógico —me dijo con una gran sencillez—. Pero va bien.

Hizo algunos comentarios marginales sobre el manejo del tiempo, que era mi problema de vida o muerte, y sin duda el más difícil, y agregó:

—Usted debe ser consciente de que el drama ya sucedió y que los personajes no están allí sino para evocarlo, de modo que tiene que lidiar con dos tiempos.

Después de una serie de precisiones técnicas que no logré valorar por mi inexperiencia, me aconsejó que la ciudad de la novela no se llamara Barranquilla, como yo lo tenía decidido en el borrador, porque era un nombre tan condicionado por la realidad que le dejaría al lector muy poco espacio para soñar.



Pero lo que seguí para siempre al pie de la letra fue la frase con que se despidió de mí aquella tarde:

—Le agradezco su deferencia, y voy a corresponderle con un consejo: no muestre nunca a nadie el borrador de algo que esté escribiendo.


Gabriel García Márquez
fragmentos del libro “Vivir para contarla”

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sábado, 5 de mayo de 2012

Esclavitud Siglo XXI

Luego de leer hace un tiempo una entrada en el blog de Maribel Romero Soler, y de opinar en ella, tuve necesidad de escribir el poema que hoy comparto. Este mismo encontró lugar más tarde en las páginas del libro Soy Culpable.

Esclavitud Siglo XXI

Sé que te duele la pobreza,
la injusticia,
el chiquito con hambre
deambulando por los trenes
que un día se hará padre
de chiquitos con hambre
deambulando por los trenes.

Sé que te hiere el campesino
hacinado en un container
mientras desflora el trigo,
y trabaja sin descanso,
y le pagan cuando quieren,
y le dicen no hay derechos,
o no lo dicen
porque se sobreentiende.

Sé que te indignan los talleres
donde hermanos bolivianos
cosen por unas monedas
para grandes y exclusivas marcas,
desde que el sol asoma
hasta que el sol se pone,
o quizá más
porque no hay ventanas
para poder constatarlo.

Sé que sabés
de los niños vendidos
en las provincias pobres,
como si fueran pan,
o alcauciles,
o cebolla,
o una bolsa de papas
recién arrancadas de la tierra.

Sé que intuís
que educar es el camino,
la única forma
de romper el círculo,
de elevar conciencias,
y de abrir los ojos
hacia una libertad aproximada.

¿Pero cómo lo harías
sin quedarte en lamentos,
en parálisis,
en expresión de deseo
dura y muda?

¿Cuántos intereses sospechás
(los de siempre,
los que se frotan las manos
y le sacan jugo
a todo esto)
se opondrían de manera explícita,
o disimulada,
a tu no-parálisis?

Alejandro Laurenza
del libro Soy Culpable