domingo, 1 de mayo de 2011

La casa de Quiroga


Horacio Quiroga. Uruguayo de nacimiento y misionero por adopción. Considerado por muchos el mejor cuentista latinoamericano. Autor, entre otras obras, del famoso decálogo del perfecto cuentista. Marcado por la tragedia y los suicidios, hasta llegar un día al propio. Siempre al borde de la razón, haciendo equilibrio para no caerse.

Debí visitar su casa para leer luego sus Cuentos de amor de locura y de muerte, que me aguardaban desde hacía tiempo en la biblioteca. Sólo su novela Pasado amor había recorrido hasta entonces. No sé, una de esas cosas impostargables que, aún así, a veces se demoran.


Andar hoy entre el cañaveral hasta llegar a lo que fue su morada, en San Ignacio, Misiones por su puesto, nos obliga a pensar en el pasado, nos transporta.

¿Cómo era la vida entonces, cuando todo costaba más, cuando la selva era más selva, y los caminos menos caminos? ¿Cómo un hombre que podía elegir cualquier sitio donde vivir (más cómodo, más fácil) decide establecerse allí, y lleva a su esposa, y tienen hijos, y ella un día se mata (cansada de querer irse y no poder), y entonces él se muda a Buenos Aires, y años más tarde se vuelve a casar y nace otra hija, y regresa con ellas a aquel paraje, hasta que ambas lo abandonan (cansadas también de querer irse), y él queda solo, presa de un cancer de próstata que lo va acabando poco a poco, hasta que no puede más y se deja viajar nuevamente a Buenos Aires para que lo traten, y para poner luego, él mismo, el último punto a su historia?

Pero esta entrada no tiene pretensiones biográficas, ni mucho menos de repaso de una obra literaria que apenas comienzo a conocer. Sólo quiere mostrar el sitio que enamoró a Quiroga, y marcó definitivamente su vida.


En la foto de arriba se puede ver una réplica de la que fue su primera casa. En la del centro se aprecia la segunda, original, construida por las manos del mismo Quiroga. En la última foto se ve el paisaje: ese que habrá saludado cada mañana al despertar, con el río Paraná allá abajo, y la costa de Paraguay al otro lado.

5 comentarios:

raúl dijo...

Sin palabras. Excelente posteo, Ale.

betty badaui dijo...

He visitado el lugar y lo recomiendo, es acertada tu idea, Ale, de traer de a poco el recuerdo de Quiroga, las fotos y su literatura; te apoyo, va a ser un gusto seguir tu blog.
Nuestro amigo en común, Raúl Astorga, me lo envió.
Va el abrazo rosarino
Betty

Anónimo dijo...

Todo costaba más pero se escribía mejor....y se podaban menos árboles para que la gente publique.
me gustó este anecdotario de niñez
Eli Marín

Lola Mariné dijo...

Un lugar tranquilo e inspirador.
Qué bien se debía escribir ahi...
Saludos

Felis Nasal dijo...

Amo la literatura de Quiroga, tan marcada por su trágica vida. Leer una buena biografía de Quiroga es tan apasionante como leer sus cuentos de amor, locura y muerte. En San Ignacio encontró sin duda un lugar bello, hermoso y agresivo a la vez. Un lugar donde es imposible no inspirarse. Un abrazo