domingo, 8 de mayo de 2022

De la corrección

Domingo por la mañana. Corrijo (todavía en papel) un poema que escribí el viernes. Lo leo mil veces, voy cambiando las palabras que me hacen ruido, un punto, una coma (sí, tipo raro, soy de los que usan puntuaciones en los poemas), un sinónimo, una variación que me acerque al sentido que logré intuir en la escritura inicial. 

jueves, 28 de abril de 2022

En la EP 24, de Villa Bosch

De visita por la EP 24, de Villa Bosch. Les comparto un video en el que presento uno de los cuentos de El mago Pascualito.





sábado, 23 de abril de 2022

En el día del libro

En el día del libro, me voy a rodear de ellos, como en el resto de los días. 

Uno pequeño en la mochila, para los viajes. Una novela de largo aliento, para leer en casa. Los de poesía, para abrir al azar, que se van amontonando en una mesita en el living. Los que releo. El que compartimos con mi hijo, al lado de la cama. Los de cuentos, desmenuzados despacito, sin obligación de terminarlos. Los que esperan ansiosos, al borde de la biblioteca: tranquilos, les digo, pronto les llegará el turno. Los que sigo descubriendo sin buscarlos.

viernes, 8 de abril de 2022

Encuentros (XXXI)

En la época en que vendía libros en las plazas y parques, era habitual que leyera poemas a quien deseara escucharlos. A veces a pedido de la persona que tenía enfrente, a veces porque lo proponía yo. No sé, como que el lugar invitaba: el aire libre, el verde, los lagos de Palermo, las bajadas de la plaza San Martín, el atardecer, la noche. Supe disfrutarlo, y mucho. 

Luego vinieron otras formas de llegar a los lectores. Cambié aquellas experiencias por los recorridos a lo largo de la ciudad. Eso me permitió tener más constancia, ya el frío dejó de ser un impedimento, y la lluvia un poco menos que antes, y pude salir todos los días y no sólo los fines de semana. En fin, que pude empezar a vivir de la literatura. Pero hubo algo que se perdió: la lectura improvisada de poemas; porque en la ciudad las personas no tenemos tiempo, corremos más de lo que vivimos. 

El caso es que hoy, once años después, en un negocio al que entré con mis libros, me pidieron si podía leer un poema y, claro, dije que sí. Me saqué el barbijo, me bajé la mochila, y emprendí con uno de los textos de "Y en medio nosotros", elegido al azar. Fue un placer para mí. Me dijeron que se emocionaron al escucharlo y que les gustaría ponerle música. 

Cada tanto, la vida te da estas cosas.