lunes, 13 de febrero de 2012

Por el sur

Hace años (tantos que El señor de los anillos todavía no era película) escribí este pequeño relato. Hoy tengo ganas de compartirlo.

Por el sur

Estás acá, flaco, solo, solo pero acompañado. Las incesantes gotas se dejan oír sobre la tela. El viento ya no sopla, no hay un pájaro que cante. Y a los pies, seguramente, el espejo/lago nada tiene por mostrar (ni podría aunque tuviera).

El viejo Lanín sigue jugando al escondite. Sólo una vez se hizo ver. Comenzás a pensar que es un problema con vos, con ustedes, o quizá sea más tímido de lo que parece.

Un arroyo sin nombre (por desconocimiento más que por carencia) murmura a lo lejos. O, mejor dicho, murmuraba. Ahora un motor (vaya a saber de qué) acalla su delicada voz.

El hombre de los baños mantiene encendidas las calderas, arroja un leño tras otro. Nunca deben apagarse. De nueve a veintitrés su vida transcurre para ello: su vida se pierde por ello.

Tolkien descansa a un lado del colchón inflable, ya no ocupa los paisajes de tu mente. Y vos seguís acá, acompañado, acompañado pero solo. Tu princesa mantiene la distancia. Un abrazo no alcanza a calmar su enojo. Y perdón no sale de tu boca, porque creés no estar equivocado.

Alejandro Laurenza

4 comentarios:

Felis Nasal dijo...

Qué bueno!

raúl dijo...

A cada paso de tu prosa, el poeta deja innegablemente su estela. Muy bueno, che...

Sergio Cossa dijo...

A los pies del Lanín y leyendo a Tolkien... Mejor solo :)
Buen micro, más poesía que prosa.
¡Saludos!

Horacio Beascochea dijo...

A los pies del Lanín, en comunión con la naturaleza, un libro, una compañera (aunque esté enojada), son excelentes sensaciones.

Abrazo