sábado, 11 de junio de 2011

Tú me quieres blanca

Creo en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y por consiguiente de obligaciones, de manera absoluta, sin reparos. Incluso la caballerosidad es, a mi juicio, una forma elegante de desigualar, de ejercer supremacía por un lado y de aceptarla convenientemente por el otro. Cosa distinta es la gentileza, que sucede entre dos personas sin distinción de género.

Dejo ahora un poema de Alfonsina Storni. Toda una precursora, ¿verdad?

Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,
me quieres de espuma,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del engaño
vestido de rojo
corriste al estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques;
vete a las montañas;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva los tejidos
con salitre y agua.

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

Alfonsina Storni
del libro “El dulce daño” (1918)

8 comentarios:

Rosita Fasolís dijo...

Querido Ale: Espléndida tu manera de pensar sobre el tema.Y acertadamente delicadísima tu forma de ejemplificarlo con el poema -inigualable- de Alfonsina. Con el que coincidoi en plenitud. Un beso. Ro.

raúl dijo...

Brillante apreciación, Ale. Y qué poeta para graficarla. Abrazo, che.

raúl dijo...

Brillante apreciación, Ale. Y qué poeta para graficarla. Abrazo, che.

B. Miosi dijo...

Alfonsina Storni, una poetisa inigualable. Me gusta mucho este poema Alejandro.

Estoy de acuerdo en lo que dices, la igualdad entre hombres y mujeres, pero eso no quiere decir que seamos estrictamente iguales, tenemos diferencias, y es lo que nos hace incomparables.

Besos,
Blanca

Sergio G.Ros dijo...

Me ha gustado mucho la entrada Alejandro, no conocía a Alfonsina, así que gracias por poner su poema. Un abrazo,
SErgio.

Marta dijo...

Gracias Alejandro,siempre es un placer para el espiritu leer tus entradas y poemas. Marta

Anónimo dijo...

Yo no estoy de acuerdo con la igualdad de genero, sensillamente, no somos iguales. Pero si creo en la igualdad de derechos y obligaciones. El respeto, la buena educacion y la cortesia son indispensables, mas alla del genero. La caballerosidad la veo fundamental y yo la exijo. (no es un tema pasado de moda, es que los hombres se han vuelto haraganes y las muejres los dejamos).

Abrir la puerta, pararse con una mujer va a levantarse de la mesa,acercarle el mechero, halarle la silla para que se siente y demas basicos de la caballerosidad no deberian perderse en el laberinto de los "ismos" (machismo, feminismo, racismo, clasismo).

Alfonsina es una autora de gran valor, este poema escrito magistralmente y es muy dulce, pero tambien doloroso. Y es que la literatura es un atisbo al alma desnudo de su autor.

Les recomiendo a Juana de Ibarbourou (Juana de America) y les dejo un listado de mis poemas favoritos, casi todos se encuentran en internet. Es radicalmente diferente.

- vida-garfio (fenomenal)
-la higuera
-la cuna
-raiz salvaje

Alejandro Laurenza dijo...

Anónimo,

Concuerdo en que no somos iguales, y sólo podemos pedir igualdad de derechos y de obligaciones.

En cuanto a la caballerosidad, a mi juicio, no se trata de que pase o no de moda, o de ser haraganes de un lado o del otro, si no de desigualar a conciencia: de un hombre sintiéndose superior sobre una mujer, y tratándola como si tuviera alguna dificultad para valerse por sí misma; y, al mismo tiempo, ella aceptándolo.

Como decía en la entrada, la gentileza es otra cosa, no distingue géneros. Si subís al colectivo con un chico en brazos, no importa si sos hombre o sos mujer, para que te den el asiento. Si estás por cruzar una puerta, y otra persona acaba de cruzarla también, puede sostenerla gentilmente, más allá de tu género y el de la otra persona. Si estás en un tren repleto de gente, y se vacía el asiento frente a vos después de media hora de estar parado o parada, no vale que uno o una que acaba de subir al tren (en igualdad de condiciones físicas) se arroje por entre el resto de la gente para sentarse: eso es una descortesía, sin distinción de género.

Ah, gracias por la recomendación!

Saludos!